
Edición 54Criterio
Mis dos fracasos tenían nombre
Por qué audito mis propios proyectos con el mismo criterio que uso con un cliente
Por Fidel Cuozzo
En junio de 2026 dejé en mi journal una frase incómoda: hasta ahora, ninguno de los proyectos que comencé logró explotar.
Abajo puse dos líneas. Main Ads: fracasé parcialmente, por una mala oferta. Otro proyecto que tenía en marcha: estaba fracasando en ese momento, por malos leads.
No escribí "no funcionó". Escribí por qué. Cada fracaso tenía un nombre.
Un fracaso sin nombre no se corrige
"No funcionó" es una sensación. "Mala oferta" es un diagnóstico.
La diferencia no es de vocabulario. Con una sensación solo podés hacer dos cosas: insistir o abandonar. Con un diagnóstico podés corregir una pieza concreta y dejar el resto como está.
Es lo mismo que buscamos cuando revisamos una empresa industrial. Nadie arregla nada con "la web no vende" o "el marketing no funciona". Hay que llegar a la pieza: si el problema está en la oferta, en el tipo de cliente, en el recorrido del cliente, en los canales de adquisición, en el cierre de ventas o en los números del negocio. Son los fundamentos, y un fracaso comercial casi siempre lleva el nombre de alguno.
Me pareció justo medirme con la misma vara.
El primero: la oferta
La pista ya estaba en una entrada de diciembre de 2025. Al cerrar el primer año de Main Ads hice un repaso casi telegráfico: Google Ads, fracaso. Meta, sin base sólida. SEO, entendido pero no implementado. Y una línea sobre mí: mucha teoría en la cabeza y muy poca capacidad de ejecución al principio.
En ese mismo repaso aparece un cliente con el que hubo mucho esfuerzo y cero resultados, por un producto que no acompañaba.
Seis meses después, cuando le puse nombre a mi propio fracaso, el diagnóstico se parecía al de aquel cliente: la oferta. Cuando lo que vendés no está bien definido, el esfuerzo no compensa. Podés trabajar el doble y vender lo mismo. Podés cambiar de canal tres veces y el resultado no se mueve, porque el problema no estaba en el canal.
El segundo: los leads
El otro proyecto falló en otra pieza: los leads. Es decir, con quién estábamos hablando.
Un lead malo no es un problema de volumen. Podés tener muchos contactos y ninguno que pueda o quiera comprar. Más esfuerzo sobre la gente equivocada solo acelera el desgaste.
En la misma entrada anoté lo que tenía que resolver. Primero, un cambio radical: abrir una marca nueva. Entre las opciones que evalué estaba armar una empresa orientada a la estrategia y a los ecosistemas digitales dentro de empresas industriales. Segundo, integrar sistemas para que todo fuera predecible y repetible, "porque ahí tengo el problema real".
Estudiar los aviones que no volvieron
Entre los principios que tengo anotados hay un caso de la Segunda Guerra Mundial: la diferencia entre los aviones que volvían con disparos y los que no volvían.
Es la historia que se cuenta a partir del trabajo del estadístico Abraham Wald. Los aviones que regresaban mostraban dónde podían recibir balas y seguir volando. La información que importaba estaba en los que no habían vuelto. Si solo mirás lo que sobrevivió, sacás la conclusión equivocada.
Con los proyectos pasa lo mismo. Es tentador estudiar lo que salió bien y archivar lo que salió mal. Pero los fracasos, si tienen nombre, son la parte más útil del registro.
A principios de 2026 hice el balance de 2025 en la misma línea: fue un año de mucho aprendizaje, me equivoqué mucho y tardé en probar cosas. Tardar en probar no figura entre los fundamentos. Pero los demora a todos.
Para un dueño industrial
Toda empresa con años de trayectoria tiene proyectos que no funcionaron: una línea que no se vendió, un vendedor que no rindió, una campaña que no trajo consultas, una web que nadie usó.
La pregunta no es si fallaron. Es si alguien les puso nombre. Un fracaso sin nombre vuelve. Aparece con otra forma, otro proveedor u otro año, y la empresa lo paga dos veces.
En una frase: un fracaso con nombre es un problema que se puede resolver; uno sin nombre es una sensación que se repite.
¿Qué nombre le pondrías al último proyecto que no funcionó en tu empresa: oferta, cliente, recorrido, canal, cierre o números?
PD: Aquel balance de 2025 terminaba con una línea que escribí el 2 de enero de 2026: tal vez se dé, tal vez no, pero voy positivo y con la mentalidad de seguir aprendiendo.